
El Trauma Psicológico
El trauma psicológico puede ser una experiencia devastadora, pero comprenderlo es el primer paso hacia la sanación y el bienestar emocional.
Situaciones amenazantes psíquicas o vitales
El trauma psicológico es un acontecimiento presente en la vida de casi todo ser humano. La gran mayoría hemos tenido experiencias que han determinado patrones de comportamiento que se manifiesta de una u otra forma en el momento presente. El trauma psicológico ocurre cuando las personas se enfrentan a una situación de amenaza psíquica o vital, ante la cual sus recursos no son eficaces para enfrentarla de manera saludable. Es aquella experiencia que tiene las características de ser inasumible con los esquemas cognitivos y emocionales habituales de la persona, porque cuestiona su mundo relacional y la identidad de sí mismo (Vega, Liria y Perez 2005). Esto genera que la experiencia sea muy difícil de integrar en la narrativa personal y por lo tanto, acudimos a otros mecanismos para hacerle frente.
El trauma desde niños
En otras ocasiones, lo traumático ocurre a través de un período de tiempo vital prolongado en el que el niño o niña vive en una atmósfera emocional que carece de calidad afectiva o abundan malos tratos en lo físico y/o psicológico, la negligencia, abuso o abandono emocional. Por ejemplo, un niño que crece en un ambiente violento, donde es víctima de violencia sin la presencia de una figura protectora, podría tratar de “hacerse invisible” para evitar la ira de la persona amenazante, pudiendo así generar un patrón de comportamiento retraido, solitario y aislado del mundo exterior (Salvador, 2009), como consecuencia de este período vital.

El trauma temprano puede influir profundamente en la vida adulta
Durante la experiencia traumática hay una desregulación bioquímica debido a que la amígdala (núcleo cerebral que controla respuestas de miedo y satisfacción) permanece hiperactivada ante una percepción de peligro, incluso cuando ya ha ocurrido. Esto genera que las vivencias no podrán ser integradas en la narrativa de nuestra historia. En otras palabras, las memorias traumáticas quedan registradas en un formato de memoria implícita que se manifiestan de la misma forma en que se vivieron, cuando hay estímulos que las activan. Estas vivencias que no han sido integradas permanecen activas y siguen influenciando nuestra percepción consciente de la realidad más allá de lo que somos conscientes (Salvador, 2009). Siguiendo con el ejemplo anterior, podría ser que, si ese niño en una etapa más avanzada de su vida, es testigo de algún evento violento, reviviera las mismas sensaciones que cuando era niño, enfrentándolas de la misma forma: “haciéndose invisible”.

Las memorias traumáticas afectan el bienestar emocional y psicológico
En palabras de Van del Kolk (2017), estar traumatizado significa seguir con la propia vida como si el evento traumático siguiera presente invariable e inmutable, ya que cada nuevo encuentro o acontecimiento está contaminado por el pasado.
Cabe destacar, que el trauma es una experiencia subjetiva, no necesariamente lo que es traumático para uno, lo será para todos. Depende de muchos factores, entre ellos el momento de la vida en que se experimenta, los recursos que se tiene para enfrentar la situación y las redes de contención con las que se cuenta.
Disociación Traumática
La disociación es la esencia del trauma. La experiencia inasumible se divide y se fragmenta de modo que las emociones, sonidos, imágenes, pensamiento y sensaciones físicas relacionadas con el trauma, parecieran tomar vida propia. Los fragmentos sensoriales de recuerdo se cuelan en el presente, donde se vuelven a experimentar de la misma manera en que se vivieron esa primera vez (Van der Kolk, 2017).

La angustia surge cuando los recuerdos del trauma irrumpen inesperadamente
Cuando el sujeto vive una experiencia traumática, imposible de integrar por sí mismo en sus esquemas emocionales y cognitivos habituales, aparece la disociación como mecanismo de defensa que facilita al sujeto poder seguir viviendo con sus esquemas anteriores, expulsando de la consciencia una parte dolorosa de la experiencia (Vega, Liria y Perez 2005). La disociación permite al sujeto amortiguar el impacto de la experiencia traumática, sin embargo, se convierte en un proceso desadaptativo que interfiere con el funcionamiento saludable de las personas, ya que, como se mencionó anteriormente, dejar el evento fuera de la consciencia no implica que quede fuera de la vida psíquica.

La disociación permite desconectarse emocionalmente de los recuerdos dolorosos
Los seres humanos desarrollamos nuestro sentido de ser únicos a través de la construcción de una identidad narrativa única, que incluye cambio y permanencia. Es decir, la posibilidad de proyectar un futuro de una forma distinta a la del presente, sin dejar de reconocernos como la misma persona en el pasado y el futuro. Durante la disociación traumática ocurre una fragmentación de la experiencia que desafía directamente ese sentido de unicidad del sí mismo y hace imposible la integración de la experiencia traumática, en una narrativa vital única (Vega, Liria y Perez 2005).
Debido a la falta de integración de la experiencia acerca de la experiencia traumática, el funcionamiento de la personalidad puede quedar organizado en torno a los diferentes esquemas de acción implicados en la defensa, esquemas no integrados que luego resultarán en un funcionamiento desadaptativo ante circunstancias que puedan recordar algo del evento original (Vega, Liria y Perez 2005).

El trauma puede fragmentar la identidad y el sentido del yo
Respuesta Psicosomática
Asi como la disociación, la somatización también estaría asociada con una tendencia a sentirse desbordados por estados afectivos intensos y pobremente diferenciados. Los síntomas somáticos aparecen como otra forme de enfrentarse a la experiencia traumática, pueden representar un intento de organizar y hacer concretos estados afectivos internos caóticos o apoyarse en experiencias corporales que se consideran más reales o más auténticas. Sería el cuerpo el que soporta la carga de una experiencia emocional que no ha sido adecuadamente elaborada o integrada en una narrativa vital (Vega, Liria y Perez 2005).

El trauma psicológico a menudo se manifiesta como dolores físicos inexplicables
Entre los síntomas físicos que podemos encontrar en niños y adultos traumatizados, podemos encontrar dolores crónicos de espalda y de nuca, fibromialgia, migrañas, problemas digestivos, colon espástico o síndrome del intestino irritable, fatiga crónica y ciertas formas de asma. (Van der Kolk, 2017).
Aportes de la Terapia
Luego de todo lo anterior, es importante destacar que las secuelas del trauma no son irreversibles y la terapia psicológica tiene un rol fundamental en el proceso de recuperación. El objetivo de esta, no es tanto aprender a aceptar las cosas terribles que han sucedido, sino aprender a dominar las sensaciones y las emociones internas. Sentir, nombrar e identificar lo que pasa por dentro es el primer paso hacia la recuperación (Van der kolk, 2017).

Un espacio seguro es crucial para procesar y sanar de un trauma
A través de la relación terapéutica, se facilita la integración de la experiencia que fue disociada de la consciencia y el establecimiento de nuevas conexiones neuronales más adaptativas (Salvador, 2009) que faciliten la integración del evento en la narrativa personal.
Como han demostrado diversos estudios, ser capaz de sentirse seguro con otras personas es probablemente el aspecto más importante de la salud mental; las conexiones seguras son fundamentales para tener una vida con sentido y satisfacción, siendo el apoyo social uno de los factores protectores más potentes contra la anulación provocada por el estrés y el trauma (Van der kolk, 2017).

El apoyo familiar y social facilita la recuperación de un trauma
Referencias
- Salvador, M. (2009). El trauma psicológico: un proceso neurofisiológico con consecuencias psicológicas. Revista de psicoterapia, 20(80), 5-16.
- Vega, B. R., Liria, A. F., & Pérez, C. B. (2005). Trauma, disociación y somatización. Annuary of clinical and health psychology, 27.
- Van der Kol, B. (2017). El cuerpo lleva la cuenta.
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